lunes, 14 de septiembre de 2015

Mis manos y Benedetti

Mis manos y Benedetti.

Tengo años de que mis manos manipulan las palabras y se enredan entre esos infranqueables mundos internos y externos que tienen los humanos, de esos mundos en que muy pocos se dejan llevar por esa melodía que suena en algún sitio imaginado e invisible, que lo conviertes en baile escrito donde se mueven al son inasible,  las comas y los puntos.

Ellas, mis manos, solo escriben lo que desde no sé que escondrijo emocional y afectivo, salen..., hay frases que solo nacen de vez en cuando, que brotan como ásperas y dulces metáforas,  ellas vienen a mi y me dictan de no sé dónde y escribo esas figuras literarias que se quedan en alguna pantalla de cristal ahora. Antes era en papel, siempre fue en papel,  primero a lápiz; poco después la máquina de escribir apareció en mis manos empezó el tac tac tac día si y días  también y luego en estas pantallas que ahora, parecen iluminar mientras escribes tu rostro.

El encuentro con los versos fue primigenio pero infantil, sus normas literarias me parecían horrorosas pero te decían ¡es lo que hay! y lo aceptabas sin rechistar y aprendías a escribir un pareado lleno de ingenuas metáforas,  pero lo hacías.



Descubrí la poesía posible y seductora con muchos poetas primero centroamericanos luego de todo el continente latinoamericano y entre ellos, Rubén Darío, Roque Dalton, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik y sobre todo, si, Mario Benedetti y este escrito tiene que ver precisamente con él.

Fue él entre otros, quien me engancho al invento literario;  juvenil y amoroso, universitario y rebelde, solidario y utópico. Y me quedé con esa poesía, con toda su poesía, con toda la poesía, con la que escribe Juan Nadie, josé el campesino, Pedro el sin tierra... Desde entonces sé que todo es poesía y que sin ella este mundo seria mucho mas horrendo del que ya se encargan los gringos de hacerlo, y, allí está la poesía, esa que saca y enseña esos pequeños detalles que te dicen que vale la pena vivir; esos pequeños gestos literarios que te dicen que vale la pena luchar.

Embellecer la vida, la historia, la lucha etc...,  porque sin duda ella pertenece a los que luchan, y si, la poesía esta allí. Yo escribo y hago poesía desde hace mucho pero con Benedetti sabia que era fácil la táctica y la estrategia en la vida, en la lucha y muchos mas allá de las estrellas. Por algo esta allí para que los versos nos la muestren. Gracias Mario Benedetti en tus 95 años de tu nacimientos.