el lápiz en el pasado nos ayudó - a muchos - a escribir en el papel negro sobre blanco. Hoy escribimos sobre un cristal, golpeamos con ternura las teclas y aparecen de inmediato en la pantalla del ordenador, las palabras que nos dictan las neuronas, dejamos que las manos hagan lo que nuestro cerebro dicta... y eso nos permite seguir luchando.
La «Directiva de Retorno», también llamada «Directiva de la Deportación o de la Vergüenza», de la Comunidad Europea con respecto a los extracomunitarios ilegales, desenmascara una faceta inhumana que la cultura europea siempre ha tenido y que difícilmente consigue disfrazar. Es una cultura identitaria. Tiene una inmensa dificultad para convivir con lo diferente. O lo agrega, o lo somete, o lo destruye. Invadió prácticamente todo el mundo conocido, subyugando y matando con la cruz y la espada. Fue ella la que, al comienzo de la modernidad, provocó el mayor genocidio de la historia humana, según el historiador Oswald Splengler en La decadencia de Occidente. En América Latina, donde había 23 millones de indígenas -nos dice el antropólogo Darcy Ribeiro-, después de un siglo quedó solamente uno. Luego dominó a las poblaciones que quedaron, explotó todos los recursos naturales posibles, que sirvieron de base para su industrialización y su enriquecimiento, que son sus injustas ventajas hasta el día de hoy. Detrás de su comercio y de su técnica hay ríos de sangre, sudor y lágrimas. Es una cultura montada sobre el poder-dominación.
Ahora, pasando por encima de varios artículos de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 (¿cuándo la respetaron?), maltratan a los inmigrantes, considerándolos criminales que deben ser encarcelados -incluso a los menores-, sin necesidad de mandato judicial, solamente mediante un procedimiento administrativo. Se prevé campos de concentración para ellos. Estos inmigrantes esconden tragedias en sus vidas. Están allí porque quieren sobrevivir y ayudar a las familias que han dejado en sus países.
Veamos la contradicción: en el siglo XIX los sobrantes del proceso de industrialización europeo, aquellos que podían desestabilizar el capitalismo salvaje naciente, previsto por Marx, fueron destinados a la exportación. No venía cualquier tipo de gente. Tenían primacía los empobrecidos y los enfermos, como mis abuelos italianos. Todos los de su leva sufrían tracoma, de difícil curación en esa época. Yo mismo sufrí esa enfermedad cuando niño, como todos los de nuestra región de Santa Catarina, donde se sitúan hoy Sadia y Perdigão, industrias conocidas por sus buenos productos.
En Brasil fueron acogidos con generosidad. Consiguieron tierras, ayudaron a construir esta nación y ahora, con la riqueza natural que Dios nos concedió, podemos ser la mesa puesta para el hambre del mundo entero. Las políticas de la Comunidad europea de hoy, no muestran ninguna reciprocidad. Con acciones articuladas se revelan crueles y sin piedad. El príncipe de nuestros periodistas, Mauro Santayana, nos relata en el Jornal do Brasil del 22/06, que en los años 80 economistas y sociólogos norteamericanos y europeos bajo el patrocinio de banqueros concluyeron que era necesario apartar del consumo al 80% de la humanidad, a fin de garantizar la gestión del planeta y mantener los privilegios del 20% de ricos. Los demás deberían ser marginados, hasta su extinción.
Parece que el genocidio está inscrito en el código genético de este tipo de gente que ha estado detrás de casi todas las guerras de los últimos siglos. A ellos que gustan de la cultura como pura ilustración, les recuerdo lo que Immanuel Kant (+1804) dice en La paz perpetua (1795). La primera virtud de una república mundial es la «hospitalidad general», como derecho y deber de todos. Todos están sobre el planeta Tierra, dice, y tienen el derecho de visitar las regiones y sus pueblos, pues la Tierra pertenece comunitariamente a todos.
Sólo espíritus anticultura occidental como Francisco de Asís, Juan XXIII, Luther King y Madre Teresa pueden ofrecer un paradigma que rescate a estos Gobiernos y los salve de la maldición de la vida y de la ira divina que se cierne sobre ellos.
Después de que la Unión europea aprobara lo que se ha dado en llamar la "Directiva de la vergüenza" y a la que todos los movimientos sociales que luchan por un mundo mas solidario y justo (valores antagónicamente diferentes a los del capital) lo denunciaran; denuncia a la que se sumaron la mayoría de presidentes latinoamericanos. Los estados europeos y los países que la promovieron - y los que presionaron - para que se aprobara dicha directiva mal llamada del retorno. Europa demuestra con esta directiva que sigue siendo una rancia y vieja. Europa se ha puesto al servicio de planteamientos políticos - e ideológicos - de la extrema derecha. Se ha echado a los brazos de los partidos neo nazis que están en claro avance en muchos de los países de la unión europea.
Sin embargo no solo partidos de derechas y de la extrema derecha, si no que partidos que se dicen de "izquierdas", defiendan, y sean, además, los que más presionaron para que la directiva de la vergüenza se aprobara y saliera adelante. A continuación posteo una entrevista a un eurodiputado italiano, que merece la pena leer. Cuanto más se divulgue este tipo de noticias, sabemos quiénes son los que realmente defienden a planteamientos xenófobos y racistas. cómo un partido que se dice de izquierdas, en el caso del estado español, el PSOE, puede seguir con su trillado discurso . Gracias a este partido que va de la mano con presidentes de extrema derecha, como Francia e Italia, gracias a ellos, la situación de los migrantes - en esta Europa rancia y vieja - es mucho más difícil y precaria en cuanto a derechos se refiere. Les dejo pues, con estas dos preguntas donde se afirma lo que se denunció en su momento. Y si están interesados en toda la entrevista pueden ir a la página deALAI (Agencia latinoamericana de Información).
la entrevista:
-¿Cómo se llega a formular y aprobar esta Directiva europea?
-La Comisión Europea (2) escribió esta Directiva en respuesta a una invitación del Consejo de la Unión Europea (3). Lastimosamente para nosotros los italianos, esta Directiva surge a raíz de la presencia del actual Ministro del Exterior italiano, Franco Frattini, quien en aquel entonces era Comisario Europeo de Justicia, Seguridad y Libertad. Cuando la directiva llegó al Parlamento para su discusión, ya se había logrado un amarre entre las bancadas de tendencia conservadora, la Comisión y el Consejo, para que el Parlamento no tuviera la opción de discutirla libremente, sino solamente de aprobarla como estaba redactada.
Esta situación se genera por diferentes motivos. Si aportábamos cambios al texto original, la Directiva iba a ser enviada nuevamente a la Comisión y al Consejo, para ser discutida otra vez, y aprobada, porque el texto definitivo debe contar con la aprobación de las tres instancias. Además, retrasar la aprobación quería decir casi seguramente que no se lograra su aprobación en esta legislación que termina en 2009, mientras que existían fuertes presiones de los gobiernos europeos para que se aprobara de inmediato.
Lo que en este caso se tambaleó peligrosamente fue la soberanía misma del Parlamento, o sea la posibilidad de los diputados de discutir abiertamente y aportar modificaciones al texto.
-¿Qué tipo de presiones hubo por parte de los gobiernos?
-Hubo presiones muy fuertes de todos los gobiernos para que la Directiva se aprobara de inmediato y sin modificaciones, pero hay que destacar el papel que jugaron los gobiernos de España y Francia, porque esta directiva nace a través de un férreo acuerdo entre Sarkozy y Zapatero, y sucesivamente, el Consejo la aprueba en sus líneas generales y la pasa a la Comisión para su redacción escrita. Es un hecho grave, porque los gobiernos de Francia, España, los laboristas ingleses y los socialdemócratas alemanes presionaron a sus partidos para que sostuvieran el texto de la directiva en el Parlamento, y eso abrió un enorme debate en la bancada del Grupo Socialista. Los tres partidos socialistas que actualmente están gobernando en sus respectivos países tenían un mandato taxativo de los gobiernos de aprobar esta Directiva. Es por esto que, al momento del voto, el Grupo Socialista presentó algunas mociones para mejorar el texto, pero fueron rechazadas por la alianza de la derecha (NdR: Grupo Partido Popular Europeo - Demócratas Europeos, Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa). Lo más grave fue que en el momento de la votación el Grupo Socialista se dividió: la mitad votó en contra, un 35 por ciento se abstuvo, incluyendo a los del Partido Democrático (PD) de Italia, y un 15 por ciento votó a favor. El voto contrario fue expresión de una parte de los socialistas, el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda verde Nórdica (GUE-NGL) y el Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea (Verdes/ALE).
-¿Qué lectura podemos hacer de lo que ocurrió? Y además, ¿qué está pasando en Europa, si hasta los socialistas se dividen en la votación?
-Hay que hacer una aclaración. El problema con los socialistas es sobre todo un problema con Zapatero, a quien se le ve como un ejemplo a seguir, y en Italia hay mucha gente que mira hacia España o que sueña ir a vivir allá. Es cierto que durante su gobierno promovió las libertades civiles, pero sobre las políticas inmigratorias ha sido durísimo. Los CPT españoles son espantosos, así que la mano dura contra los inmigrantes no es algo nuevo para el gobierno español.
¿Qué es ética y qué es moral? ¿Son lo mismo o hay que hacer distinciones entre ellas? Hay mucha confusión acerca de esto.
Tratemos de aclararlo. En el lenguaje corriente e incluso culto, ética y moral son sinónimos. Así decimos: \"aquí hay un problema ético\" o \"un problema moral\". Con eso emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o dudosa.
Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética (obedece a principios).
Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso, cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos.
Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas. Y llaman a la morada, \"ethos\" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada, hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos también llaman a esto \"ethos\". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las personas.
Además, en la morada, los moradores tienen costumbres, maneras de organizar las comidas, los encuentros, modos de relacionarse, tensos y competitivos o armoniosos y cooperativos. A esto los griegos también lo llamaban \"ethos\" (con e corta). Nosotros diríamos moral y la postura moral de una persona.
Sucede que esas costumbres (moral) forman el carácter (ética) de las personas. Winnicot, continuando a Freud, estudió la importancia de las relaciones familiares para establecer el carácter de las personas. Éstas serán éticas (tendrán principios y valores) si han tenido una buena moral (relaciones armoniosas e inclusivas) en casa.
Los medievales no tenían las sutilezas de los griegos. Usaban la palabra moral (viene de mos/moris) tanto para las costumbres como para el carácter. Distinguían la moral teórica (filosofía moral), que estudia los principios y las actitudes que iluminan las prácticas, y la moral práctica, que analiza los actos a la luz de las actitudes y estudia la aplicación de los principios a la vida.
¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice: bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible. Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres (ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida? Aquí está la razón de la grave crisis actual.
El objetivo de este « media-test » no es chocar o crear un escándalo. Todas las posturas son respetables. Nuestro objetivo es que cada uno pueda plantearse a sí mismo una cuestión esencial: « ¿Mis convicciones se basan en informaciones fiables? » « ¿Se ha tratado de manipular la opinión pública sobre algunas asuntos críticos? »
¿Cómo ser un buen juez? Significa escuchar con atención las distintas posiciones, tratar de dejar sus prejuicios de lado, comprobar la fiabilidad de cada prueba, documento o testimonio. ¿No debería estar todo lector o espectador de los medios de comunicación interesado en aplicar este método?
1. «ANTES DE LA INVASIÓN DE CHINA, EL PUEBLO TIBETANO VIVÍA EN ARMONÍA CON LOS MONJES Y LOS SEÑORES FEUDALES EN UN ORDEN SOCIAL INSPIRADO POR LAS ENSEÑANAZAS RELIGIOSAS»
FALSO. La doctrina religiosa imponía la superioridad del rico señor y la inferioridad del campesino miserable, del monje inferior, del esclavo y de la mujer. Se presentaba este orden como el resultado ineludible de la sucesión kármica, producto de las virtudes y los vicios de sus vidas pasadas.
En realidad, esta ideología justificaba un orden de clases feudal: los siervos debían trabajar las tierras del señor o del monasterio de forma gratuita y durante toda su vida. Cualquier acto era un pretexto para imponer elevados impuestos: matrimonio, defunciones, nacimientos, fiestas religiosas, la posesión de un animal, plantar un árbol, el baile o incluso para entrar o salir de prisión. Estas deudas podían traspasarse de padre a hijo e incluso a las generaciones siguientes, y si no conseguían pagarlo, los deudores se veían reducidos a la condición de esclavos.
Los fugitivos y los ladrones eran perseguidos por un pequeño ejército profesional. Sus penas predilectas: arrancar la lengua o un ojo, seccionar el tendón de la rodilla, etc. Todas estas torturas quedaron prohibidas en 1951 mediante la aplicación de las reformas provenientes de Pekín.
Son muy pocos los casos de escritores que sostienen una total indiferencia por la ética de su trabajo. No son pocos los que han entendido que en la práctica literaria es posible separar la ética de la estética. Jorge Luis Borges, no sin maestría, practicó una forma de política de la neutralidad estética y quizás estuvo convencido de esta posibilidad. Así, el universalismo del precoz posmodernismo borgeano no era otra cosa que el mismo eurocentrismo de la Era Moderna matizado con el exotismo propio de un imperio que, como el británico, se aferraba con la nostalgia de viejo decadente a los misterios de la India sometida y de las noches de una Arabia fuera de los peligros de la historia. No era el reconocimiento de la diversidad —de la igual libertad— sino la confirmación de la superioridad del canon europeo adornado con souvenirs y botines de guerra.
Quizás hubo un tiempo en que verdad, ética y estética eran lo mismo. Quizás fueron los tiempos del mito. También ha sido un rasgo propio de lo que llamamos literatura del compromiso. No una literatura hecha para la política sino una literatura integral, donde el texto y el autor, la ética y la estética van juntos; donde literatura y metaliteratura son la misma cosa. Diferente ha sido el pensamiento publicitario de la posmodernidad, estratégicamente fragmentado sin conexiones posibles. Legitimados por esta moda cultural, los críticos del establishment se dedicaron a rechazar cualquier valor político, ético o epistemológico de un texto literario. Para este tipo de superstición, el autor, su contexto, sus prejuicios y los prejuicios de los lectores quedaban fuera del texto puro, destilado de toda contaminación humana. Pero ¿qué quedaría de un texto si le quitamos todo lo metaliterario? ¿Por qué el mármol, el terciopelo o el sexo repetido hasta el vacío habrían de ser más literarios que el erotismo, un drama social o la lucha por la verdad histórica? Rodolfo Walsh dijo que una máquina de escribir podía ser un abanico o una pistola. ¿No ha sido esta fragmentación y posterior destilación una estrategia crítica para convertir la escritura en un juego inocente, en un calmante más que en un instrumento de inquisición contra la musculatura del poder?
En su nuevo libro Eduardo Galeano contesta estas preguntas con su inconfundible estilo —Borges reconocería: con amable desdén—, sin ocuparse de ellas. Como sus libros anteriores desde Días y noches de amor y de guerra (1978), Espejos está organizado con la fragmentación posmoderna de la cápsula breve. No obstante todo el libro, como el resto de su obra, muestra una inquebrantable unidad. Sus estética y sus convicciones éticas también. Aún en medio de las más violentas tormentas ideológicas que sacudieron la más reciente historia, esta nave no se ha resquebrajado.
Espejos amplía a otos continentes el área geográfica de América latina que había caracterizado por décadas el interés principal de Eduardo Galeano. Su técnica narrativa es la misma que de la trilogía Memoria del Fuego (1982-1986): con un narrador impersonal que cumple con el propósito de aproximarse a la voz anónima y plural de "los otros" y evitando la anécdota personal, con un orden temático algunas veces y con un orden cronológico casi siempre, el libro se inicia con los mitos cosmogónicos y culmina en nuestros tiempos. Cada breve texto es una reflexión ética, casi siempre reveladora de una realidad dolorosa y con el invalorable consuelo de la belleza de la narración. Quizás no otro es el principio de la tragedia griega: la lección y la conmoción, la esperanza y la resignación o la lección mayor del fracaso. Como en sus libros anteriores, el paradigma del escritor comprometido latinoamericano, y sobre todo el paradigma de Eduardo Galeano, parece reconstruirse una vez más: la historia puede progresar, pero ese progreso ético-estético tiene por destino utópico el origen mítico y por instrumentos de lucha la memoria y la conciencia de la opresión. El progreso consiste en una regeneración, en la recreación de la humanidad tal como lo hiciera el más sabio, justo y vulnerable de los dioses amerindios, el hombre-dios Quetzalcóatl.
Si quitásemos el código ético desde el cual se realiza la lectura de cada texto, Espejos estallaría en fragmentos brillantes; pero no reflejarían nada. Si quistásemos la maestría estética con la cual fue escrito este libro dejaría de ser memorable. Como los mitos, como el pensamiento mítico que revindica su autor, no hay forma de separar una parte del todo sin alterar el sagrado orden del Cosmos. Cada parte no es sólo un fragmento alienado sino una pequeña pieza que ha desenterrado un arqueólogo consecuente. La pequeña pieza vale por sí sola pero mucho más vale por los otros fragmentos que han sido ordenados y éstos valen aún más por aquellos fragmentos que se han perdido y que ahora se revelan por los espacios vacíos que se han formado, revelando el jarrón, toda una civilización sepultada por el viento y la barbarie.
La primera ley del narrador, no aburrir, se cumple. La primera ley del intelectual comprometido también: en ningún caso la diversión se convierte en narcótico sino en lúcido placer estético.
Espejos ha sido publicada este año simultáneamente en España, México y Argentina por Siglo XXI, y en Uruguay por Ediciones del Chanchito. Esta última continúa una colección ya clásica de tapas negras alcanzando el número 15, representado significativamente con la letra ñ. Los textos van acompañados de ilustraciones a manera de pequeñas viñetas que recuerdan el cuidadoso arte de la edición de libros en el Renacimiento además de la época juvenil del autor como dibujante. Aunque su concepción del mundo lo lleva a pensar de forma estructural, es difícil imaginarse a Eduardo Galeano pasando por alto algún detalle. Como buen joyero de la palabra que pule en búsqueda cada uno de sus diferentes reflejos, así también es cuidadoso en las ediciones de sus libros como objetos de arte.
Con cada entrega, este icono de la literatura latinoamericana nos confirma que otros premios formales, como el Premio Cervantes, se están demorando demasiado.
¿Qué hay detrás? El proceso de desaceleración de la economía neoliberal, el aumento de partidos racistas de extrema derecha y neofascistas en la Unión o, simplemente, el cierre de las fronteras a las personas migrantes que vienen del Sur.
Por fin han aprobado la directiva de la vergüenza en el Parlamento Europeo. Lo han hecho aún sabiendo que, con ello, violaban los derechos más elementales de las personas. Los migrantes, ahora, por «migrar» y por querer mejorar sus vidas, son delincuentes. La directiva prevé la repatriación al país de origen y éstos son sus principales contenidos:
«Retención». Comunicada la expulsión, el internamiento en un centro -nunca cárcel- podrá ser decidido en caso de ¿riesgo de fuga? o si el inmigrante sin papeles rechaza su repatriación. «Duración de la retención». Se establece un periodo máximo de internamiento de seis meses, ampliable a 18 en caso de ¿falta de cooperación? Tras esos 18 meses, si no se ha producido la expulsión, el inmigrante debe quedar libre. «Prohibición de entrada». Tras su expulsión, el inmigrante no podrá entrar en Europa en un plazo de cinco años (más, si se aprecia que supone una ¿amenaza grave? para el orden y la seguridad). «Menores». Los menores no acompañados y las familias con menores serán internados ¿como último recurso y durante el menor tiempo posible? No obstante, los menores no acompañados podrán ser expulsados a países donde no tengan tutor o familia.
La Directiva tiene como objetivo -dicen- armonizar las políticas sobre el tratamiento que debe darse a los inmigrantes sin papeles que lleguen a territorio europeo. Si ese es el objetivo final, me río de ello, porque sólo veo un fin: criminalizar a las personas por ejercer un derecho inherente al ser humano, migrar. Y si alguien todavía no ve la comparación o similitudes con un campo de concentración es porque no ha visto el verdadero meollo de esta Directiva de la vergüenza.
¿Qué hay detrás? El proceso de desaceleración de la economía neoliberal, el aumento de partidos racistas de extrema derecha y neofascistas en la Unión o, simplemente, el cierre de las fronteras a las personas migrantes que vienen de los países del Sur.
Los problemas que se derivan de la desaceleración económica repercutirán en la pauperización de un sector amplio de la sociedad de la UE. Y antes de que estallen conflictos sociales, quienes pagan los platos rotos son precisamente los migrantes, aquéllos que han estado manteniendo su nivel de vida con contratos basura algunos, y otros, una mayoría, trabajando como esclavos para empresarios sin escrúpulos que se han estado beneficiando de esa supuesta migración sin papeles que hoy se quiere atajar.
Si tras la aprobación de esta directiva se esconden argumentos racistas y xenófobos, la situación es aún más grave para el futuro de esta rancia y opulenta Europa, porque a quienes se les está cerrando las fronteras es solamente a quienes proceden de los países del Sur.
También en ese juego racista entran partidos políticos que se autonominan como defensores de los derechos humanos, que se dicen progresistas y de izquierdas. Es el caso del PSOE, que ha sido uno de los que más ha defendido y presionado (según el autor de la norma, el alemán Manfred Weber) para endurecer esta Directiva. ¿Y es este partido el que en Euskal Herria se llena la boca de mociones éticas en ayuntamientos? ¿de qué ética?
Si en el fondo de esta directiva está cerrar las fronteras sobre todo a la migración proveniente de los países del Sur (entiéndase: África, América latina y Asia), la situación de xenofobia y racismo es aún más grave. A los colectivos, en su mayoría procedentes de países «pobres», se nos está cerrando las fronteras. Se aplicará la mano dura del fascismo a quien se atreva, arriesgando su vida, a llegar a vivir y trabajar por una vida con más dignidad. Y lo hacen sabiendo que ya cuentan dentro de la Unión con mano de obra barata de países como Rumanía, Polonia... que además de ser «blancos» son europeos, y están dispuestos a trabajar como mano de obra barata.
Qué poca memoria histórica tienen estos países que no hace mucho han estado viajando precisamente a los países de donde proceden la inmensa mayoría de las personas a las que hoy, con esta directiva, se les niega el derecho de venir, a pesar de que huyen de una situación social económica, política y de guerras, muchas veces impuestas por los países más ricos del planeta. Cuando no hace mucho han ido a saquear, a robar, y a esquilmar las riquezas que tienen los Países del Sur. A los dirigentes del PSOE se les olvida que cuando Colón viajó en busca de nuevas tierras, sus tripulantes, todos, eran presidiarios. Entre asesinos y ladrones estuvo el tan manido descubrimiento de América. Mientras, quienes ahora llegan, trabajan en lo que no quieren los nacionales.
Cualquiera que sea el motivo para votar esta directiva, merece todo el rechazo ético y moral por parte de quienes no nos sentimos identificados con su argumentos de fondo, sean los que sean. Porque con el argumento de atajar la migración ilegal se favorecen posiciones de partidos de la extrema derecha racista de la que hoy, sí, se puede decir vieja y rancia Europa.